“No hay bisturí más preciso que una palabra bien construida.”
— Karl Deisseroth, Premio Nobel de Medicina 2026
Esta frase no la dice un poeta ni un psicoterapeuta. La dice un psiquiatra y neurocientífico que acaba de recibir el Premio Nobel de Medicina 2026 por crear una de las herramientas más precisas que existen para estudiar el cerebro: la optogenética. Y como psicóloga, neuropsicóloga y terapeuta de trauma, reconozco que este premio me ha emocionado profundamente. En este artículo te cuento qué es la optogenética, qué nos ha enseñado sobre la salud mental y por qué confirma algo que veo cada día en consulta.
¿Qué es la optogenética?
El Nobel de Fisiología o Medicina de este año ha sido para Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel. Su historia empieza en un lugar inesperado: unas algas microscópicas que se mueven hacia la luz.
Hegemann y Nagel descubrieron que esas algas tienen unas proteínas, las canalrodopsinas, que funcionan como pequeñas puertas que se abren cuando reciben luz. Deisseroth tuvo la idea de introducir esas proteínas en tipos concretos de neuronas, en animales de laboratorio. El resultado: iluminando esas neuronas con una fibra óptica, se pueden encender o apagar a voluntad, en milisegundos y sin afectar a las de alrededor.
Es como tener un interruptor para cada circuito del cerebro. Antes solo podíamos observar qué zonas se activaban; ahora los investigadores pueden comprobar causa y efecto: si apago este circuito, ¿desaparece esta conducta? Si lo enciendo, ¿aparece?
Lo que la optogenética nos ha enseñado sobre la mente
La mayor aportación de esta técnica no ha sido (todavía) un tratamiento, sino algo igual de valioso: entender cómo funcionan los circuitos de las emociones. Estos son algunos de los hallazgos más relevantes para la salud mental, obtenidos sobre todo en investigación animal:
Miedo, trauma y memoria
Gracias a la optogenética se han identificado los circuitos entre la amígdala y la corteza prefrontal que guardan los recuerdos de miedo y los que permiten extinguirlos. También se ha visto que un recuerdo, cuando se reactiva, se vuelve modificable durante un tiempo: es lo que se conoce como reconsolidación. Este conocimiento conecta directamente con el trabajo terapéutico en trauma, como el que hago en nuestra área de trauma y apego o con EMDR: el recuerdo no desaparece, pero puede dejar de doler de la misma manera.
Adicciones
Activando y desactivando neuronas del sistema de recompensa se ha podido estudiar cómo las sustancias y algunas conductas “secuestran” el circuito del placer y la motivación, y qué mecanismos están detrás del deseo intenso y las recaídas. Entender la adicción como una alteración de circuitos, y no como falta de voluntad, es justo el enfoque que defendemos en nuestra Unidad de Adicciones y Patología Dual.
Ansiedad y depresión
Se han descrito circuitos concretos que aumentan o reducen la conducta ansiosa, y otros relacionados con la pérdida de motivación y de disfrute que aparece en la depresión. Lo más esperanzador es que, en los modelos animales, modificar la actividad de esos circuitos cambia los síntomas. Es decir: no son estados fijos.
Vínculo y conducta social
La optogenética también ha permitido estudiar los circuitos implicados en la interacción social, el cuidado y la conexión con los demás. Una confirmación más de que somos seres profundamente relacionales, y de que el vínculo tiene una base biológica.
¿Se usa ya la optogenética en pacientes?
Conviene ser honesta: en salud mental, todavía no. La técnica requiere modificar genéticamente las neuronas e introducir luz en el cerebro, algo que hoy no es viable para tratar la ansiedad, la depresión o el trauma en personas.
Su aplicación más avanzada en humanos está en la visión: en ensayos clínicos se ha conseguido que algunas personas con ceguera por enfermedades de la retina recuperen parcialmente la percepción visual.
Aun así, su influencia en la psiquiatría ya es real de forma indirecta: los circuitos descubiertos están ayudando a orientar técnicas de neuromodulación no invasivas, como la estimulación magnética transcraneal, que ya se utiliza en algunos casos de depresión resistente.
Lo que este Nobel significa para la terapia
Para mí, este premio deja un mensaje precioso: el cerebro cambia. Los circuitos del miedo, de la recompensa o del estado de ánimo no son un destino. Pueden reorganizarse.
Y no solo con luz. La psicoterapia, a través de la palabra, de la presencia, de la regulación emocional y del vínculo terapéutico, también es una forma de transformar esos circuitos. Por eso la frase de Deisseroth me parece tan reveladora: el científico que creó el “bisturí” más preciso del cerebro reconoce el poder de una palabra bien dicha.
En Vínkula, mi equipo y yo trabajamos desde ese lugar: integrando la neurociencia, la psicología basada en la evidencia y la humanidad del encuentro terapéutico.
Si sientes que es tu momento de empezar a cuidarte, estamos aquí para acompañarte. Conoce nuestra terapia individual o escríbenos, en Madrid y online.
Verónica Gutiérrez Mosquera
Psicóloga sanitaria y neuropsicóloga. Directora de Vínkula Psicología.
Fuentes: Comité Nobel / información publicada sobre el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 en El Colombiano y El Tiempo; entrevista a Karl Deisseroth en OkDiario.